HOY
Los romantic@s o l@s
novi@s y espos@s abnegad@s de hoy, se apresuran entre el quehacer diario para
obtener el último objeto de moda que sorprenda a su pareja en el Día de San
Valentín.
Todas las tiendas tienen
su código expuesto en el escaparate. Uno o varios corazones rojos. Este símbolo
indica que cualquier Ser puede entrar en un comercio y comprar lo que sea, tenga
o no que ver con el amor. Un juguete sexual de última generación, una aburrida
corbata de rayas grises y marrones o una balanza digital. No importa lo que se
regale, lo que importa es que la pareja NUNCA le pueda echar en cara que se le
olvidó que era el Día de los
Enamorados.
Sin embargo, existen Seres
a los que les cuesta enormemente decidirse entre tantísima oferta. Y es normal
pues son miles y miles los artículos que aparecen ante nuestros ojos por lo que no es
fácil tomar una determinación. Después de pasar largas horas durante varios
días buscando y buscando estos Seres acaban confusos, frustrados y
desesperados.
Por esta razón lloran
mucho y se les puede ver en cualquier parte de la ciudad sollozando o incluso
gritando ante la comprensible desesperación.
Aquí se pueden verse
varios de los ejemplos más significativos.
EJEMPLO A:
Hombre
llorando en el interior de una óptica
debido
a la indecisión causada ante tanta oferta.
EJEMPLO
B:
Mujer suplicando desde la calle
para
que no le muestren más artículos.

Bebé
expresándose.
Y esto mismo se hace extensible
a las mascotas, las plantas y cualquier ser vivo o muerto del hogar.
Les parecía imposible que una cebolla
también llorase, ¿verdad?.
Pues
ya ven este drama también les afecta.
Porque es una cadena
imparable y una vez que empieza la fiebre ya nada puede detenerla.
AYER
Un día mientras recogía la
ropa seca de la terraza oí unos golpes procedentes del vecino de al lado. Al
principio no hice mucho caso pero cuando me dispuse a relajarme en la hora más
preciada del día (la siesta), comencé a desesperarme pues aquellos ruidos no
sólo no cesaban sino que insistían cada vez con más fuerza. Así que llamé a su puerta en un intento de apaciguar aquel estruendo.
El vecino de al lado era
un Profesor de Ciencias Loco, jubilado
y con mucho tiempo libre. Llevaba siempre una bata blanca y unas gafas de vista
tipo culo de vaso. No hizo falta decir nada, pues aquel hombre había hecho un
descubrimiento y estaba deseoso de compartirlo con quien fuera.
- “Pase, pase”.
Me dijo muy amablemente. Y muy orgulloso me mostró un enorme aparato metálico
con grandes alerones, dos asientos en su interior y una infinidad de botones
que solamente él podría entender”.
- “¡Oh!. Exclamé. ¡Qué cosa tan
extraña!. ¿Qué es?”.
- “Es una máquina del tiempo”. Dijo
en voz baja.
- “¡Una Máquina del Tiempo!”. Mis
ojos tomaron el tamaño de dos balones de playa y de inmediato quise jugar a la
pelota, o para que me entiendan, conocer más acerca del asunto. “¿Y a dónde quiere ir usted con esta
máquina?”.
- “Quiero viajar al pasado”.
- “¿Y a cuál de todos ellos?”.
- “Al del Imperio de los Romanos”.
- “¿Y por qué allí?”.
- “Porque ellos son los responsables del
Día de San Valentín. Tengo entendido que un tal Claudio II quiere ejecutar a un
sacerdote conocido como San Valentín y voy a ir a impedirlo pues si lo mata
este Santo se quedará para siempre como un mártir y todo el mundo lo celebrará
cada año en su memoria. Que es en realidad lo que está pasando hoy. Este es un tema
que me tiene traumatizado desde hace años. Un San Valentín olvidé tener un
detalle con mi mujer. Me dejó después de cuarenta años juntos. Lo que
busco es que eso deje de tener importancia para el mundo entero y mi mujer vuelva
conmigo”.
Me
quedé sin palabras. Se trataba de un tema que en aquellos momentos a mí me
interesaba muchísimo por todo el sufrimiento que suscitaba en los seres humanos
hasta el punto de acabar con unas relaciones supuestamente consolidadas. Así que ataviada con una gran sonrisa y
dispuesta a correr el riesgo de que los acontecimientos históricos cambiasen,
le pregunté:
- “¿Podría ir con usted?. Yo también tengo
mucho interés en esclarecer este delicado asunto?.
- “Sí,
claro que podría. Pero yo me voy ahora mismo. ¿Sigue estando dispuesta?”.
- “¡Por
supuesto, es perfecto, vayámonos. Ahora!”.
Nos acomodamos y el Profesor puso la Máquina del Tiempo en marcha. El aparato
comenzó a dar vueltas sobre sí mismo y a emitir un sonido agudo seguido de un
estruendo. Sentí que la velocidad de la luz recorría todo mi cuerpo, mis venas,
mis fibras, mis huesos y hasta mis pensamientos. Al cabo de poco ya estábamos
en la Roma Imperial y vestidos como ellos por arte de magia (supuse yo),
pasamos totalmente desapercibidos entre la muchedumbre.
Recorte
del Vogue del Imperio Romano
Bajo la premisa de: Preguntando se llega hasta Roma. Mi
vecino y yo dimos enseguida con el paradero del mítico Sacerdote popularmente
conocido como San Valentín. Pero ya era demasiado tarde. Los restos del Santo
yacían junto a un precioso almendro rosado en las proximidades del Coliseo.
Cuando el Profesor Loco
fue conocedor de tal noticia, su rostro pasó del color blanco arrugado por la
edad a un rojo intenso encolerizado y brillante de rabia. Todo ello de
inmediato. Y la emprendió contra un Informador que pasaba por allí. De tal modo que le sonsacó casi
por la fuerza el nombre y apellidos del responsable de aquella gran desgracia.
Tanto fue así que el Informador nos acompañó en su carro de caballos hasta la morada
del Emperador. Mientras que por el camino iba relatando la historia sucedida en
un intento de tranquilizar al Profesor.
- “Verán ustedes. El Emperador Caludio
II había prohibido la celebración de matrimonios entre jóvenes porque en su
opinión los guerreros solteros estaban mejor dotados para la lucha ya que tenían
menos ataduras. Considerando todo esto una injusticia Valentín celebraba
matrimonios clandestinos. Cuando el Emperador se enteró lo llamó para
quitárselo de la cabeza de forma pacífica, pues el Santo había gozado siempre de
mucha popularidad por esta iniciativa. San Valentín convenció temporalmente a
Claudio pues curó a su hija de una ceguera. Pero su gobierno persuadió al
Emperador para que lo aniquilase cuanto antes. Así que Claudio II decidió
martirizarlo y después ejecutarlo. La hija del Emperador en eterno agradecimiento
plantó junto a su tumba un hermoso y rosado almendro símbolo de la amistad y
del amor duraderos”.
El profesor, en lugar de
apaciguar su ira con la argumentación de la historia contada por aquel
hombrecillo, y aún más exaltado, bajó del carro de caballos y en la puerta de
la casa del Emperador, cogió a un Centinela por las solapas de su armadura y le
gritó:
- “¡EXIJO VER A DON CLAUDIO!”.
A lo que el guardián le respondió:
- “Es que ahora no puede atenderle. Está
muy ocupado con una estrategia de invasión a Hispania”.
- “¿Invasión a Hispania?. ¿Dónde está
ese cretino?. ¡CLAUDIOOO, CLAUDIOOO!. Gritó. ¡¡¡ Ven aquí, maldito cobardeee !!!”.
Al cabo de un rato de
permanecer allí gritando sobre la calzada de adoquines apareció el tal Claudio
II. A medio vestir y a medio afeitar.
- “¿A qué se debe esta alteración?.
Me estoy aseando y unos gritos que no cesan de pronunciar mi nombre han
interrumpido mi quehacer íntimo”. Preguntó indignado el
poderoso hombre.
A lo que el Loco Profesor,
rabioso y excitado a pesar de mis múltiples recomendaciones de no cambiar el
curso de la historia bajo ningún concepto, lanzó:
- “¿Claudio?, ¿es usted Claudio?. Así
que es usted Claudio, ¿no?. ¿Le parece a usted bonito lo que ha hecho?. Qué
poderoso se siente usted ¿Verdad?. Pues sepa usted que eso no es de adultos. ¡Menuda chiquillada!. Dedito
para arriba y no pasa nada. Ahora bien, le da a usted por mover el dedito para
abajo y se acabó todo ¿no?. Pues por culpa de su dedo gordo mi mujer me ha
abandonado. ¡Que lo sepa!. Es usted un… un… ¡Insaciable!. Un…”.
- “Oiga, no me insulte que le pongo el
pulgar hacia abajo ¿eh?”.
- “Ah si ¿eh?. Pues como se ponga tonto
le cambio la historia y se queda usted con las ganas de invadir Hispania”.
Y el gran Emperador ante
aquella amenaza, sucumbió arrodillado frente al profesor, rogándole:
- “¡No, Hispania no, por favor, no me
quite eso, yo me muero por probar el jamón de jabugo!”.
- “No me lloriquee ¿eh? que me emociono.
¡Ñch!, hay que ver lo que hay que hacer por tal de promocionar nuestros
productos típicos fuera del País. Mire, le propongo una cosa Señor Emperador. Como ya no hay
más remedio. Usted deja de hacer malabares con los dedos de sus manos y yo le
dejo que invada mi país. ¿Vale?”.
Una vez acordado aquello.
El Profesor Loco y yo volvimos a 2012. Aparentemente todo era igual de
aburrido. La gente seguía llorando por las calles desesperada, los corazones
continuaban adornando los escaparates y los bebés y las cebollas seguían
sufriendo los típicos daños colaterales.
Pero un día en que El Profesor
Loco volvía a casa cansado después de una intensa investigación de campo con sus ex colegas, tuvo
la más bonita de las sorpresas que jamás imaginó. Alguien había plantado un
precioso almendro rosado en su jardín y de
una de sus ramas más floridas colgaba una nota:
“Querido mío, he entrado a
hurtadillas en tu apartamento, pues aún conservo la llave. Qué pena que hayas
malgastado tu dinero con robots de cocina, planchas u objetos inservibles
durante tanto tiempo. Qué pena que no te hayas acordado de mi nada más que en
el Día de San Valentín. Qué pena que nunca me hayas regalado algo tan bello
como un almendro pues es, desde siempre, el símbolo de la amistad y el amor
eternos. Si quisieras despertar de tu letargo, te estaré esperando…”.
COMO MOLA!! que bonito lo del almendro, aunque yo la historia la había escuchado pero nunca lo del almendro.....esta parte es real???
ResponderEliminarSigue así Mo, desde luego no puedes dejar sin explotar tanta imaginación y tanta facilidad para cambiar de argumento!!
me he dejado el tabaco y me he enganchado a este blog!!
eres adictiva
Hola Pi, si lo del almendro dicen que es una fábula así que no es uno de ms inventos. Es muy bonito, si. A mi me encantó la historia cuando la leí.
EliminarMuchas gracias por tus ánimos motivadores y me alegro por lo del tabaco :-)